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domingo, 23 de agosto de 2009

POLÍTICA - PLANO "B' VISTO DE FORA



Patrus Ananias (Bocaiúva, Minas Gerais, 1952) es uno de los principales arietes del presidente brasileño, Luiz Inácio Lula da Silva, y responsable de la lucha para reducir los índices de pobreza. No pocos analistas ven en él a un futuro líder del Partido de los Trabajadores (PT) y candidato a presidente. Pero el ministro prefiere centrarse en la batalla para reducir los alarmantes índices de pobreza.

Pregunta. ¿Cuál es el origen de la desigualdad social en su país?

Respuesta. Es histórica. Las primeras leyes laborales comenzaron a surgir en los años veinte y la cuestión social sólo se incorporó a la agenda nacional en los años treinta.

La legislación laboral llegó al campo a mediados de los sesenta, y una verdadera política social sólo surge con la Constitución de 1978. El crecimiento demográfico también ha sido muy intenso. Esto también ha contribuido mucho a la situación actual: a principios de los setenta teníamos 90 millones de habitantes y en menos de 40 años hemos alcanzado casi los 200 millones.

P. Hoy sigue habiendo pobreza y miseria en Brasil, pero es difícil encontrar personas que mueran de hambre. ¿No es exagerada la insistencia de su Gobierno en el problema del hambre?

R. Hasta hace poco tiempo el hambre fue una cuestión dramática, pero creo que hoy el hambre en Brasil es algo residual. El 92% de los niños que reciben la Bolsa Familia comen tres veces al día y las condiciones de alimentación han mejorado mucho. Cuando Lula asumió el Gobierno dijo que cumpliría la misión de su vida si al final de su mandato todos los brasileños comen tres veces al día. En enero de 2003 esto parecía una promesa imposible. Hoy el mapa del hambre ha cambiado mucho.

P. Pero ustedes continúan hablando de hambre. ¿Sigue siendo una realidad brasileña?

R. Usamos esta imagen para sensibilizar a los ciudadanos y que no retrocedamos en las conquistas ya alcanzadas. Nuestro horizonte es erradicar el hambre en este país en 2015 y reducir la pobreza a su cuarta parte ese mismo año.

P. ¿Cree que la concentración de riqueza es un problema?

R. Algunos actores políticos y las oligarquías brasileñas son muy poderosos. Hemos tenido que abortar iniciativas muy generosas y grandes sueños tras tener en cuenta a estas personas. No estamos solos en el campo de batalla. Existen adversarios, personas que tienen otra concepción de la sociedad y otras prioridades, y que tienen poder económico, de comunicación, puestos en lugares estratégicos. Los recursos que nos llegan y que acaban dirigidos a los pobres son recursos que salen de la órbita de ellos. Esto, en cierta manera, es un proceso de desprivatización del Estado brasileño.

P. Los críticos del programa Bolsa Familia lo tachan de asistencialista y populista. ¿Hay un plazo para que deje de ser necesario?

R. Estamos trabajando con la posibilidad de un límite de dos años a partir del cual haremos revisiones rigurosas de la situación de las familias que reciben el Bolsa Familia. Paralelamente hemos lanzado programas para estimular las iniciativas empresariales y laborales de estas personas. Las familias pobres pero estructuradas responden a los cursos de alfabetización y de formación. Pero para las familias muy pobres y desestructuradas, el proceso es más largo.

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